sábado, 14 de septiembre de 2013

No ...

No quiero un príncipe, ni azul ni del color que sea; prefiero un daltónico que me vea con los ojos cerrados.

No aspiro a lujos o joyas, prefiero el brillo de unos ojos verdes que siguen mis pasos entre la multitud.

No quería un padre, ya tengo uno y de los que se ponen celosos. Tampoco quise un hermano, mi madre me regaló dos que valen por cien.

No pedí nada y él llegó para dármelo todo: el cariño, el respeto, la admiración y no sólo en las palabras, también en los gestos.

No le busqué, nos encontramos una mañana fría en la que su corazón se rompió y yo estaba ahí para recomponer los pedazos.

No quise esposas, me uní a él con la decisión que da el sentirte compañera de un viaje que no tiene fin y que acaba el día que menos te lo esperas.

No quise perfección, porque esa es imposible, de sus defectos nació este estado de absoluta certeza de que es lo que más se acerca.

No me achantó la distancia, ni la enfermedad, ni la pobreza porque desde el principio ha sido el compañero de viaje que sólo en mis sueños podría desear.

y no me equivoqué...

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