lunes, 2 de septiembre de 2013

¡Buen trabajo!

Llevas meses dejándote la piel en el esfuerzo, aprendiendo por el camino para que el resultado sea todo lo perfecto a lo que puedes aspirar. Así lo aprendí, anhelar una perfección a la que ningún mortal puede aspirar pero que sin ese esfuerzo el resultado es banal y nada satisfactorio.

Y ahí está, cuando menos te lo esperas, la versión deliciosa de la ofensa del amigo que aprecias en mayor grado que él a ti, con las palabras justas, no hacen falta más; una palmadita en la espalda, el reconocimiento al trabajo volcado desde el corazón y la dedicación.

¡Qué bien sabe! cómo se llena el espíritu de repente con tan solo dos palabras que vienen de quien te ha dado la vida y te ha enseñado a caminar por esta senda absurda a veces, otras de una belleza sin par.

¡Buen trabajo!

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