viernes, 13 de septiembre de 2013

continuando un principio III (campana y se acabó)

Me despierta una sensación húmeda en la mano, estoy bocabajo en mi cama revuelta, el día a día de la plaza me devuelve a Madrid; a ese Madrid pegajoso y ardiente de los días de julio, la luz del mediodía se cuela por la persiana. Me miro la mano para descubrir que la tengo empapada de algo rojo y viscoso... pero, pero, pero... ¡¿pero esto qué es?!

Salto fuera de la cama para descubrir que no es sangre y si es sangre, es cómo la de las películas, parece ketchup; ¿y cómo no lo va a parecer? ¡esto es ketchup! revuelvo las sábanas para terminar de anonadarme por completo, entre las sábanas me encuentro con la caja de una Big Mac abierta con su pepinillo, sus dos hamburguesas, su pan... una hamburguesa doble completa ¡con ketchup y todo!. Las sábanas están manchadas de ketchup y grasa. Recojo la hamburguesa y las sábanas, voy a tener que limpiar antes de marcharme.

Son las tres de la tarde, tengo tiempo, así que abro el telón y dejo que la vida de la plaza Tirso de Molina se cuele por el ventanal; enciendo la cafetera y mientras preparo un caffe latte poco cargado y le hago una foto a la hamburguesa con la cámara del móvil, a quién se lo cuente no me va a creer.
Mira que te pasan cosas raras Carlita, pero hasta la próxima, esta es de las más raras. ¿Cómo diablos ha llegado hasta aquí esta hamburguesa? Esa duda me acompaña mientras limpio el colchón, cambio las sábanas, pongo la lavadora y pongo los platos en el lavavajillas. Un SMS sacude mi móvil en modo vibrador.

Estoy segura de que cerré las persianas para meterme en la cama, así que la hamburguesa pudo entrar por la ventana antes de mi llegada a casa y que no me diera cuenta de que me metía en la cama con una hamburguesa. ¡Cuando se lo cuente a Mir se va a doblar de la risa! si ya la oigo, seguro que se mete con mi desesperación:
- ¿Cómo es lo tuyo? ¿para tener algo de carne en tu cama te metes hamburguesas?

Cómo le explico que ayer, precisamente ayer,  me metí en la cama de Javier por quinta y última vez. Aunque, también tendré que decirle, que la cuarta vez también pensé que sería la última. Ahora que lo recuerdo, incluso la primera vez pensé que era la última.

Me siento en el respaldo de mi viejo chester marrón y miro el móvil. El SMS es de Javier: "Abuelita, no ibas a dormir conmigo?".
Cualquiera te explica que "la Abuelita" no quiere que te abras camino en su corazón, que ya sabe lo que es dormir contigo, que la despiertes con un desayuno en la cama y con "Pájaros mojados" de Quique González sonando en el aire, que tienes el cincel que da forma a su piedra y que no puede ser: "Hoy tenía cosas que hacer, nos vemos cualquier día de estos. Bs"

El reloj del HTC Desire me devuelve las 15:54. Carlita, hay que ponerse en marcha, son casi las cuatro y has quedado a las cinco con Mir, a ver si consigues no llegar tarde.

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