jueves, 21 de noviembre de 2013

Paint it black

Irlanda, esa otra isla en mitad de otro mar y yo tenemos una extraña relación de amor que los años alimenta con música, tradiciones y gastronomía.

Calzaba yo apenas diecisiete años la primera vez que me la llevé a la boca, fue en una taberna emblemática de Palma que no sólo todavía existe, sino que sigue siendo igual de carismática que antaño, en su carta más de cincuenta tipos distintos de cerveza y a la verita mía un tipo al que seguí durante cuatro años que las había probado casi todas.

De aquella no bebía cerveza, es más, las tipicas "rubias" me sabían a orines y pasaron dos décadas antes de que me diera por beberlas, fue en Guadalajara, en las fiestas de Málaga del Fresno, pero eso... es otra historia.

Volviendo a L'Orien, pues así se llama el templo de la buena cerveza de mi Palma natal y a mis diecisiete primaveras, se me aconsejaron varias cervezas de frutas o que probase al menos media pinta de Guinness de barril. Y así, como quien no quiere la cosa, ella entró en mi vida. Frente a mi un estilizado vaso de media pinta negro como el tizón con un dedo de una espuma sólida blanquecina como la mousse de chocolate blanco que a veces me da por preparar. Mi acompañante dibujó una luna en la espuma y hasta más de la mitad del vaso pude seguir viendo aquella media luna que se convirtió en parte del ritual que acompaña beberme una pinta desde entonces. A partir del tercer trago no sólo me acostumbré a su terco, amargo y espeso sabor, sino que descubrí que era el principio de una nuevo lazo que me unía a Irlanda, una vez más sin comerlo pero sí bebiéndolo. Así llegó Sant Patrick's Day y todos los 17 de marzo desde entonces no ha habido año que no celebre que los borrachos tienen su patrón.

Mezclando comida con Guinness un día descubres que se puede cocinar con ella, lo que viene siendo rizar un rizo que ya parece un tirabuzón. Ayer, preparé las costillas glaseadas con Guinness que unieron mi cerveza a la lista de ingredientes, aquí os dejo la receta, por si alguno quiere probar.



Ingredientes para 2 personas:
- 600 gr de costilla de cerdo entera
- 1 lata de Guinness
- 1 cebolleta con tallo
- 1/4 taza azúcar moreno (substituído por Sirope de Ágave)
- 1 cucharada de mostaza a la antigua
- 1 cucharada de salsa worcerster
- Pimienta molida, sal

Preparación:

Precalentar el horno a 200º, en una bandeja alta poner las costillas salpimentadas al gusto con la cebolleta laminada incluyendo los tallos y cubrirlas de cerveza. Asar las costillas durante 1 1/2 horas aproximadamente, a media cocción darles la vuelta para que se doren.

Pasado ese tiempo, sacar la bandeja del horno, en casa la mitad de las costillas quedaron sin glasear, asadas en el jugo de la cerveza y el otro comensal de mi casa las disfrutó así asegurando que estaban exquisitas.

Para glasearlas hay que sacar los jugos de la bandeja incluyendo la cebolleta a excepción de los tallos y reducirlos con el azúcar, la salsa worcester y la mostaza. Una vez que el caldo vaya tomando consistencia (unos 10 - 15 minutos) con una brocha pincelar las costillas y volver al horno aproximadamente 10 minutos, dando una vuelta para que el glaseado se adhiera por ambos lados.

El resto de la salsa se utilizará como acompañamiento de la guarnición que pueden ser unas patatas asadas con piel, patatas paja o lo que se os ocurra.

Adapté esta receta de esta otra de Ternera asada con Guinness (en inglés)



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