jueves, 28 de noviembre de 2013

Ara... Malikian!

Surgió de la nada que lleva consigo la inopia, fue en julio, nos pilló de vacaciones en Mallorca. Días de sol a toda velocidad, reencontrando rincones de la isla que no pisaba desde la infancia, visitando las visitas obligadas, descubriendo una cala en mitad de la nada un poco más allá de las Cuevas del Drach.

Fue un día de esos, no sabría decir cual, aunque tenga la fecha guardada junto con la entrada y el breve lapso de tiempo que disfrutamos el pasado julio en el Castell de Bellver.

Volviendo al principio, llamó Crisita [quien en lo referente a descubrimientos musicales me suele llevar tres pueblos] para cuando conseguí entender lo que me estaba contando le había dicho que pasaba de ir a un concierto de quien no conocía, que el dinero hay que invertirlo en la apuesta segura [no vaya a ser que se te quede cara de primo al final del espectáculo].

Él me preguntó: "¿qué?" y yo contesté: "Ara... nosequé!", repetir la danza, las algarabías y casi los vítores que le sucedieron me resultan más que imposibles, básicamente porque no sé silbar con los dedos y Él sí.

- ¡Ara Malikian! el violinista libanés de origen armenio que toca en la Orquesta Sinfónica de Madrid.
- ¿lo qué? ¿toca el violín?
- no sólo eso, ¡ya lo verás!

Recuerdo haber invitado a la familia y que una no pudo venir por estar reponiéndose de un achaque con cirugía incluida; la otra al principio de la conversación pensaba lo mismo que yo[que lo que no se sabe hay que probarlo] y al final, pues que venía.

Y menos mal, menos menos menos, ¡menos mal! Que si no llego a ir no habría ido y de no haber estado no habría pasado una gran noche, con el universo infinito sobre nuestras cabezas, con brisa pero sin abusar ["a la fresca" que desimos en Mallorca] en el patio central de Bellver [único castillo circular de España] sobre el escenario la magia, el arte y la gracia del violinista entre los violinistas, un terremoto que no toca el suelo mientras toca, que saca lo mejor de tus recuerdos con cada acorde ya sea fusionando flamenco y el Payo Bach como recordando el agua que corre con José Luis Montón.

No he mencionando todas y cada una de las sonrisas que nos provocó durante las dos horas que duró el espectáculo, sólo puedo recomendarle una vez más, cosa que hago desde entonces a todo el que conozco. [Sé que por ahí ya me van llamando "la loca del violinista ese", #amimedaigual].

Creo que la Felicidad hay que compartirla, ya sea en un buen plato, copa o en un gran [y para nada aburrido] concierto de violín.

y de fondo sonaba: 



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