Fue un día de esos, no sabría decir cual, aunque tenga la fecha guardada junto con la entrada y el breve lapso de tiempo que disfrutamos el pasado julio en el Castell de Bellver.
Volviendo al principio, llamó Crisita [quien en lo referente a descubrimientos musicales me suele llevar tres pueblos] para cuando conseguí entender lo que me estaba contando le había dicho que pasaba de ir a un concierto de quien no conocía, que el dinero hay que invertirlo en la apuesta segura [no vaya a ser que se te quede cara de primo al final del espectáculo].
Él me preguntó: "¿qué?" y yo contesté: "Ara... nosequé!", repetir la danza, las algarabías y casi los vítores que le sucedieron me resultan más que imposibles, básicamente porque no sé silbar con los dedos y Él sí.
- ¡Ara Malikian! el violinista libanés de origen armenio que toca en la Orquesta Sinfónica de Madrid.
- ¿lo qué? ¿toca el violín?
- no sólo eso, ¡ya lo verás!
Recuerdo haber invitado a la familia y que una no pudo venir por estar reponiéndose de un achaque con cirugía incluida; la otra al principio de la conversación pensaba lo mismo que yo[que lo que no se sabe hay que probarlo] y al final, pues que venía.
Y menos mal, menos menos menos, ¡menos mal! Que si no llego a ir no habría ido y de no haber estado no habría pasado una gran noche, con el universo infinito sobre nuestras cabezas, con brisa pero sin abusar ["a la fresca" que desimos en Mallorca] en el patio central de Bellver [único castillo circular de España] sobre el escenario la magia, el arte y la gracia del violinista entre los violinistas, un terremoto que no toca el suelo mientras toca, que saca lo mejor de tus recuerdos con cada acorde ya sea fusionando flamenco y el Payo Bach como recordando el agua que corre con José Luis Montón.
No he mencionando todas y cada una de las sonrisas que nos provocó durante las dos horas que duró el espectáculo, sólo puedo recomendarle una vez más, cosa que hago desde entonces a todo el que conozco. [Sé que por ahí ya me van llamando "la loca del violinista ese", #amimedaigual].
Creo que la Felicidad hay que compartirla, ya sea en un buen plato, copa o en un gran [y para nada aburrido] concierto de violín.

y de fondo sonaba:
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