sábado, 23 de noviembre de 2013

Mi otro yo

Te he tecleado tanto y todavía me queda una vida entera para teclearte un poco más, los iguales que se encuentran suelen olisquearse, reconocerse y apreciarse. Si bien el día que nos encontramos no debí creer que fuera capaz de despertar tanta antipatía junta, tenía yo un resfriado mental, las narices tapadas y me había dejado en casa el instinto.

Quizá por eso te regalé toda mi mala baba, ese "no" obtuso y sin motivación ninguna que nacía como "Sí, sí, sí..." en mi pensamiento y llegaba a mis labios como piedra que arrojarte con el desprecio del aprecio castrado.

Y mira tú por donde, que no soy capaz de recordar ya tantas cosas y todavía recuerdo aquel pastel de chocolate con tu nombre escrito en azúcar, en como llegaste a casa el primero y te marchaste el último. Ese día pusiste un pie en mi trinchera para quedarte en ella para siempre y supe, porque lo sé desde entonces, que donde quiera que fuera siempre ibas a estar a mi lado, ya fuera disparando, preparando planes de ataque o emborrachándote del tremendo sabor de la victoria.

Mi otro yo, mi reflejo hecho ser humano, otro que no puede vivir sin Justicia, Verdad, Educación, Respeto y Pasión. Por mucho que nuestras sendas discurran con media Europa por en medio; Tú a Ámsterdam y yo al valle de Santa Bárbara, no hay día que no piense en ti, no hay momento en el que no te escuche y te sienta a mi vera, siempre a la verita mía. 

                                          y de fondo podría sonar:


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