martes, 18 de agosto de 2015

ensayo, prueba, error

ensayo, prueba, error...

Para ser una chica de letras, tengo muy claro el proceso. Ensayo, prueba, error. Y se repite la tónica mientras cubro mi cara de verde y negro y me confundo con el paisaje.

Hay que ser muy terca para repetirlo, una y otra vez. Ensayo, prueba, error. Parece que hasta me guste, que no tenga mayor problema, como si tras la piel y los huesos no hubiera nada más, como si un mar de horchata regase mis venas. Lejos, lejos de la realidad.

Tiño las noches de rojo  y pinto los días de gris, del gris del que se viste la ambigua mediocridad del pasar de los días. Ensayo, prueba, error.

Escribe, me dices, como si fuera fácil, como si las letras supieran de antemano la posición que van a ocupar para convertirse en palabras huecas que no podrían contar ni la mitad de la verdad que esconde que se torció el camino y no hay palabra que me vaya a devolver ayer, ni hace una semana, ni mucho menos un mes. Ensayo, prueba, error.

Se torció el camino, tú ya sabes que no puedo volver...







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