jueves, 6 de febrero de 2014

en otra vida (Parte I)

En otra vida fui muy hija de piiiiii, sólo así puedo explicar las cosas que me pasan sin patidifusearme, apenas pestañeando y dibujando una mueca entre la carcajada de ultratumba y la inocente sonrisa de quien nada tiene que ver con el asunto... ¿qué le voy a hacer? ¡a mi me dibujaron así!

Entraremos en el meollo con premura, que dentro de una hora tengo que coger un bus y todavía tengo otras cosas que hacer por el camino, pero si no lo cuento reviento... reviento porque no me lo creo y mejor lo cuento y lo hago bien, a ver si consigo tu opinión.

Hace cerca de 10 años, es posible que ni siquiera sea cerca y realmente ya sea una docenica colmada, llegamos a Barajas con destino Córdoba [la de España, que no la de Argentina] cuando digo llegamos me refiero a que acompañaba a la que fuera mi compañera de piso, tocaya y amiga, de origen cordobés para más señas.

Nuestro plan inicial, volar con Air Europa en Business Class a precio de turista, se fue al traste al llegar a Son Sant Joan; descubrimos que se había cancelado nuestra reserva por un malentendido con la compañía y que realmente pagaríamos Turista a precio de Business Class, saliendo en un vuelo ese mismo día y haciendo una escala en Madrid de unas 14 horas [o lo que tardaría el primer AVE en salir desde Atocha al día siguiente]. Ni quedaba remedio porque ya teníamos los billetes del tren; ni queríamos saber si lo tenía... íbamos a pasar unos deliciosos días de mayo a la ciudad natal de mi amiga y encima era la Feria de Córdoba [y si no la conoces no te lo puedo explicar pero que las ganas nos llevaban].

La primera sorpresa, al llegar a Barajas, el amigo de mi amiga que iba a recogernos tenía el móvil desconectado y ni siquiera sé si ha vuelto a conectarlo desde entonces [desde aquí un mensaje a todos esos que se comprometen a echarte una mano en una ciudad que no conoces y que luego desaparecen... ¿es que no sabéis decir que "NO"? ¿creéis que con apagar el móvil el asunto se soluciona? lo digo por experiencia, todavía estoy esperando al rubio que tenía que pasearme por Milán y algún día te cuento el resto, que también tiene tela]. Once y pico de la noche, dos nenas de ventipocos, dos maletas y ningún sitio donde quedarse un viernes noche de mayo.

Decidimos pasar la noche en el aeropuerto y tomar el primer Metro de la mañana a Nuevos Ministerios; segunda en la nariz, nos perdimos buscando la salida de la terminal 3 de Barajas, todo cerrado, casi a oscuras... a tientas nos encontramos con una guardia de seguridad que nos ordenó con toda la mala baba del mundo: "no me volváis a subir por aquí, ¿vale?" y yo pensando en qué narices andaba mi vida cuando decidí que iba a pasar una noche en Madrid, si no llevaba ni media hora y ya me quería ir.

Pasar la noche en la terminal fue entretenido, comimos [cuando pedimos tomate en el bocadillo el camarero nos dijo que lo queríamos "a la catalana" y contestamos que no queríamos hablar de política, que sólo queríamos tomate en el pan] bebimos, leímos y olvidamos lo sucedido con el amigo de mi amiga. Sacando en positivo que lo mejor que podía hacer era borrar su número. Con el primer Metro de la mañana, las ganas de perder de vista la cafetería del aeropuerto nos llevaron raudas y veloces a Nuevos Ministerios, allí pasamos cerca de media hora esperando un taxi, porque la zona es prolífica en bares y era el momento ideal para volver a casa.
Debería haber dicho ya que mi amiga mide cerca de metro ochenta, de aquella era "peligroja" y que no es de esa clase de chicas que pasan desapercibidas. A pocos metros de nosotras se encontraban un grupo de cinco chicos que [con la consabida soltura del castizo] no le quitaban ojo de encima a mi compañera.
La escena que le sucedió quedó grabada en mi memoria para siempre. El taxi paró frente a nosotras, el conductor bajó del coche e introdujo nuestro equipaje en el maletero y el más chulo de los cinco, ya a escasos dos metros, nos espetó: "lo estáis haciendo mal"

La conversación fue tal como sigue:
- ¿Mal? -pregunté porque no era capaz de entender
- Sí, maaaal... ese taxi es nuestro
- Perdona pero no, se ha parado frente a nosotras y llevamos más de 20 minutos esperando - replicó mi amiga
- Maaaaal, ese taxi es nuestro... nosotros somos de Madrid y vosotras acabáis de llegar, deberíais habernos dicho a dónde vais y, si nos queda cerca, lo compartimos.

Creo que no seré capaz nunca de llegar a describir el nivel de anonadamiento que me provocó el comentario, como soy muy hija de piiiiii y no ando mal de reflejos, mientras subía al asiento trasero del coche asomé contestando:
-Bueno, pues lo haré bien, nosotras vamos a Atocha y si os queda cerca os acercamos...
El más chulo de los cinco miró hacía sus compañeros y yo cerré la puerta del taxi para pedirle [con la más angelical de mis miradas] al taxista que nos llevase a Atocha más aprisa que corriendo, que quería quitarme de encima Madrid cuanto antes.

Así... como quién no quiere la cosa, nació mi natural aniMADversión a la capital del reino, en breve te cuento el resto...

de fondo podría sonar:
Get along - Maika Makovski


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