miércoles, 28 de agosto de 2013

Donde el corazón te lleve

"Desconfíe de quien es perfecto - me decía -, de quien tiene las soluciones ya listas en el bolsillo, desconfíe de todo, salvo de lo que le dice su corazón"


Él llegó a mi de manos de quien ya no está, se convirtió en el lírico epitafio de un lazo que sólo la muerte puede romper; hace más de diez años de eso y aún así, Él sigue siendo uno de mis favoritos, de esos que han subido a la maleta de las letras de todas las mudanzas, incluso al fin del mundo y sólo se lo agradecí una vez. 

Llegó en el momento que más falta me hacía, cuando menos lo esperaba y justo de su mano; como habían llegado ya los otros tres que siempre vienen en la maleta conmigo: El Principito, El peso de las sombras, Un viejo que leía novelas de amor.  

Nunca podré preguntarle si sabía lo que hacía o simplemente experimentaba con esta gata lectora que siempre ha leído mucho mejor que escuchado; seguro que su respuesta me habría saltado las lágrimas de la risa; algo así: "yo de ti me haría mirar esa duda paranoide, si quieres te recomiendo un psicólogo".

Cierto es que jamás le pregunté, porque pensé que me quedaba una vida entera para descubrirlo y para cuando me di cuenta de que Ella se iba para no volver, no era el momento, ni el lugar... sólo quedaba espacio para meter todas mis fuerzas en un frasco y dejarlo en su mesita sin hacer ruido.

No quise imaginar que iba a ser de este mundo sin ella, no quiero que se vaya de él como un suspiro, merece que alguien cuente cómo, cuándo y dónde ...

Grande, grande... Ella era grande... Grande como las lágrimas que ahora recorren mis mejillas por enésima vez desde que se fue... y la oigo reírse de mi desde el rincón de mi corazón... ¡Donde la llevo a ella!

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